Sunday, August 8, 2010

Valentin Tin Tin, Para Michelin Chin Chin


Caty, Cata, Catalina, Catapún pin pon,
Anja Michi, Chela, Chelina, Michelin chin chon,
Tararan tararan, tiririn tiririn, tararan tin to,
Ambar, coral, agua, mar, larimar, min mo,
Luna, lunita, estrellitas, en la non chin chon,
India, Caribe, Babeque, Di-Ci, Chelimin chin chin
Nieve, nadita, nalguita, ningún ningún, nin non,
Ambar, coral, Chelina, chin chin, Catapún, pin pon.


Music with Colors


Prama, Tita, Ita, Pramita,
Rhythm of sounds, with colors,
Amber, gray, pink, blue and green.

Meulaboh’s filled with this music,
Ita, Tita, Prama, Pramita,
Tita, Ita, Pramita, Prama,
Amber, gray, pink, blue and green.
 

Orejón en Paghman


Paghman es ciertamente uno de los lugares mas bellos de Afganistán, y además crucial en toda su historia. Muy cercano a Kabul y algo mas alto, esta al pie de una altísima montaña, la cual todavía para esta época de mayo y hasta bien entrado el verano esta cubierta en sus partes mas altas de nieve. Los viernes, día de descanso para los musulmanes, muchas personas de Kabul se dirigen a Paghman a disfrutar del ambiente natural y la belleza del paisaje. Algunas personas de la ciudad tienen allí además una segunda casa para el retiro y el descanso. En este país generalmente seco, la abundancia de agua que hay allí, el verde intenso de la campiña, un paisaje bucólico con vista a la ciudad y con el fondo de las montañas del Hindu Kush, y en medio de todo esto además las plantaciones de cerezos ahora en primavera florecidos, hacen de Paghman un lugar verdaderamente espléndido y particular.


Hacia allí me dirijo llevado por al aburrimiento de mi vida insípida en Kabul, y además sabiendo que es el tipo de lugar en el cual podría, cuando menos lo pienso, encontrar a Orejón. Ya en Paghman, mas antes de llegar a la aldea de ese nombre, me detengo en las ruinas del palacio del ultimo Sha, mas bien una casa de verano en la ladera de una colina. Al tope de la misma hay una meseta sobre la cual se pueden apreciar las ruinas de un gran parque, construido una vez con gran esmero, con las laderas rodeadas por grandes muros de contención en ladrillo, los paseos en mármoles blancos del país, hornos para la preparación de las viandas, gazebos, y todo lo que se puede esperar de un parque real.


Después de caminar un poco por el mismo me siento sobre algunos restos de un muro mirando hacia la ciudad, y con la espalda hacia la gran montaña cubierta de nieve. La destrucción pienso, no es extraña a este lugar, pues sabido es que Kabul fue fundada antes del principio de la historia por Caín, hermano y asesino de Abel, primero en traer la violencia a la tierra. Como contraste miro hacia los lados los verdes prados con grandes árboles esparcidos aquí y allá en los cuales los pastores caminan con sus ovejas, un paisaje tan sereno, pastoral dirían algunos, como quisieran tener frente a sí los mejores poetas de la antigüedad que gustaban de describir lugares parecidos.

 
Entretenido con estos pensamientos nada originales o interesantes, alguien se me acerca, me saluda y se sienta a mi lado sin ser invitado. Lo saludo y me dice que se alegra de verme pues me esperaba, y tiene además un mensaje, un regalo, para mí. Pregunto de que se trata y me dice que es un don, un poder para viajar por el tiempo y el espacio. ¡Una alfombra mágica! Le digo en son de burla pensando en lo disparatoso que suena. Con gran naturalidad me contesta que no, que no es necesario una alfombra mágica para volar de un lugar a otro, es solo un don, un regalo que puedo usar a voluntad y me será de gran ayuda en mis búsquedas.


Me río de lo que dice, aun si estoy un poco intrigado por lo extraño de su propuesta y para mi sorpresa , sin saber como ni cuando, estoy sentado en el mismo lugar, transformado ahora en el parque tal como una vez fue antes de ser destruido. Los paseos de mármol blanco lucen nuevos y pulidos, los jardines muy bien cuidados, y por el lugar circulan muchas personas en medio de lo que parece ser una gran fiesta. Sirvientes uniformados preparan comida en los hornos al aire libre y la distribuyen entre algunos invitados que comen a la manera afgana, sobre alfombras en el suelo. En medio de todo, el mismo Sha circula con gran pompa y ceremonia.


No acabo de salir de mi asombro y espanto por el cambio repentino de escenario, cuando en el mismo lugar se desarrolla una gran batalla, personas corren de un lugar a otro, se escuchan disparos, gritos, y grandes explosiones por todos lados. Después de un tiempo que parece eterno todo el lugar aparece destruido, y los espíritus de los muertos, todos los que participaron de la batalla, comentan sin mayor preocupación losincidentes de la misma. Es de noche y Orejón, pues ya creo que es él, me mira y sonríe conciente de la impresión que ha causado en mi su gran demostración de poder. 


Entonces en tono burlón me recrimina. Ya sé lo que escribes acerca de mí, dice, me llamas loco cuando bien sabes, y yo también, que estas tan loco como yo, y más que eso eres tú la causa de mi locura. Lo dejo que hable sin saber que contestarle y me dice que puede hacerme viajar a los lugaresque desee, pero que eso no es lo mas importante, sino que cada viaje debe ir acompañado por una transformación personal, esto es lo mas importante me repite una y otra vez, pues sin ella lo demás poco sentido tiene.


También puede ser peligroso, dice, pues en algún viaje podrías quedar empantanado y ser incapaz de salir del mismo. Pregunto como es eso, y me contesta que sé muy bien de lo que habla, pues yo mismo he estado viajando en un viaje interminable desde hace anos. Muéstrame, le digo tentándolo, y enseguida estoy, después de un largo día en la playa, viajando acompañado por la Reina de las Hadas en un viaje, ahora caigo, que nunca he querido terminara. Podemos hacer una cena le digo a ella, y continuo parloteando y diciendo cualquier cosa, lo que sea tratando de buscar excusas para prolongar este viaje en su compañía, quizás por siempre y hasta el final de los tiempos.


Al retornar del viaje interminable le pregunto en que consistió la transformación que debí experimentar. Enseguida soy transportado y me veo sentado en la tienda de mi amigo Sultan Hamidy, en Herat, con una taza de té en las manos, mirando mientras este toca un pequeño tambor y un amigo suyo la guitarra afgana. ¡Today no business, just friends! Dice mientras sonríe y me cuenta como sus antepasados, poseedores del secreto de la fabricación del vidrio azul, vinieron de Inglaterra hace 5,000 anos. Allí vivian en el bosque, rodeados de duendes y hadas por todos lados, hasta que uno de ellos fue transportado a Afganistán por un viento poderosísimo provocado por el amor improbable de la Reina de las Hadas. Desde esa época todos sus descendientes me dice, son artesanos, poetas o locos, y a veces las tres cosas a la vez, pues del viento del amor nadie sale intacto sin ser transformado, y aquel provocado por el amor de la Reina de las Hadas puede ser tan poderoso que se extiende a generaciones innumerables por miles de años.


Lo que dice es verdad y lo sé por experiencia propia, pues sin su influencia nunca hubiera escrito nada pienso, mas al retornar a Paghman tengo mis dudas todavía sobre este nuevo Orejón frente a mí, y pienso si no será posible que todo sea un engaño, pues podría ser, me digo a mí mismo, un mago afgano estafador y mal intencionado. Te gustan las vistas de los valles desde las montañas me dice, como si adivinara mi pensamiento, y entonces le creo, pues solo el y la Reina de las Hadas podrían saber esto de mí. Me dice me llevara a un lugar en el cual pueda realizar mi vieja practica, inútil además dice, de sobrevolar los valles, debido a mi manía constante de tratar de alejarme de la realidad.


Entonces me lleva a Istaliff, al norte de Kabul. La aldea esta sobre una colina al pie de las altas montañas del Hindu Kush, cubiertas de nieve al igual que las que están alrededor de Paghman. Desde una colina cerca de la misma veo sus casa aterrazadas en la ladera, formando una pirámide, y en lo mas alto el minarete de la mezquita. En la planicie debajo se aprecian desde lejos las viñas productoras de algunas de las mejores uvas del país. La guerra ha sido la causa de la destrucción de una gran parte de las edificaciones, e incluso de la mayor parte de los viñedos, mas el paisaje visto desde una cierta distancia sigue siendo bellísimo. Sin pensarlo dos veces floto como un globo sobre la planicie para pasar el rato admirando el paisaje y la vista de la aldea.


Al retornar me recrimina Orejón con un ¡Basta de juegos! ¡No estamos aquí para pasar el tiempo en tonterías!. Próximo que se estoy en un lugar de Badghis que conozco muy bien, Ab Khamary, sobre una colina desde la cual se pueden ver montañas lejanas y algunos valles entre ellas. A un lado telas verdes sobre una estaca marcan el lugar en el cual esta enterrado alguien asesinado allí durante una de las tantas guerras. El lugar es muy solitario, y solo el sonido del viento que aquí es muy fuerte y constante se escucha.


Después de un rato sentado escuchando el sonido del viento sucede lo mas extraordinario, pues dejo de ser yo o eso creo, y me transformo en parte del mismo viento. Subo hacia las alturas haciendo piruetas en ráfagas todavía no muy bien controladas, practico un poco los sonidos mas comunes y necesarios del lenguaje de los vientos y parto a recorrer el mundo. En este recorrido y volando sobre un valle de muchos castillos antiguos en un país lejano, veo una muchacha caminado por las calles de una ciudad antigua algo mayor que las demás. Me río y bajo hasta donde esta ella, y sin pensarlo dos veces me entretengo jugando con sus largos cabellos negros, le susurro al oído cosas tiernas aun si incomprensibles, imposibles de traducir además a otro lenguaje que no sea este de los vientos el cual no conozco muy bien todavía, dejo que aprecie por la nariz el olor del polvo de las montanas afganas, tan diferente a los que aquí se encuentran, toco sus manos y su cara sintiendo su calor, la miro sonreír sin saber porque, y ya con este premio retorno una vez mas a Orejón en Paghman.


Veo que eres bastante travieso, me dice, mientras prepara una taza de té que tomaremos antes de partir yo al próximo viaje, del cual me repite una vez mas que lo más importante del mismo no es el viaje en si, ni el lugar de destino, sino la transformación que pueda lograr durante el mismo. Pasado el te soy transportado a la misma aldea de Paghman, muy cercana a la gran montaña. Un monumento en forma de arco celebra la victoria afgana hace mas de un siglo contra las tropas inglesas. Muy cercana a este una vieja mezquita, semidestruida por las guerras al igual que el monumento, se encuentra al comienzo de un parque que se extiende hasta el mismo pie de la montaña.En todo el lugar el sonido del agua proveniente de las altas nieves es muy fuerte, al deslizarse rápidamente entre las rocas. Camino hasta donde me es posible, al lugar en el cual comienza el río después de caer el agua de manera casi vertical desde la montaña, y allí me detengo. 


 Sentado allí pienso en todos los viajes anteriores, entre ellos el viaje que nunca quisiera terminara acompañado de la Reina de las Hadas. En este momento y de súbito una vez mas me transformo, y ahora soy roca de las que están dentro del agua y el río. El agua corre rauda por mis lados, sobre mí, haciéndome rodar y sonar creando la música más espléndida.En medio del agua oigo su sonrisa y su voz y sé que es ella. Por largo rato oigo el murmullo de su voz en el agua que me hace sentir alegre y lleno de una inexplicable complacencia y felicidad, hasta que ocurre otra transformación, se intercambian los roles, y ahora soy yo el agua que corre entre las piedras, que son a su vez de manera inexplicable ella. 


Le cuento, aun si ella también lo sabe, del largo invierno allá arriba en la montaña deseando bajar hasta los valles, aun si con cierta aprehensión por lo que pudiera encontrar. Después le cuento de la caída por la ladera hasta encontrarla, maravillosa sorpresa, pudiendo entonces hacer entre los dos y disfrutar de esta bellísima música y extrañas sensaciones provocadas por el contacto entre el agua y las piedras. No contento con eso me entretengo lanzando un guijarro contra otro, dando saltos de alegría que crean espuma brillando a la luz del sol de la tarde, y jugando con las piedras de todas las formas imaginables posibles, como un niño que encuentra un nuevo juguete maravilloso y no puede soltarlo ni por un segundo. Así pasa un tiempo hasta llegar a un pequeño remanso en el camino en el cual podemos platicar con mas calma, pasada la euforia de los primeros encuentros anteriores.


Con un ¡te quiero siempre! me despido, entregándole un ramo de cerezos cubierto de flores, y dando gracias además por este encuentro y esta transformación tan maravillosa. también deseando encontrarla otra vez, y que sea pronto, e incluso creyendo por momentos que no estaré solo al retornar, habiendo encontrado por fin el remedio para el olvido y la soledad entre las rocas y el agua cristalina de Paghman.