Sabido es que para los nativos de las islas antillanas antes de la llegada de los europeos, la isla era conocida como Haití, la Tierra de las Montañas Altas. En realidad no son tan altas, pero con mas de 3,000 metros en algunos casos, y sus áreas preservadas como parques, no dejan de tener atractivo para los que gustan de pasear por los bosques. Así, mientras algunos visitan el santuario de la Virgen de las Mercedes, otros el de la Virgen de la Altagracia, los mas masoquistas van a las montañas con el fin de recorrerlas, soportando, además de las largas caminatas, el frío, la lluvia, y en los veranos terroríficas tormentas de rayos.
Los guías son campesinos de la zona que alquilan sus mulos para llevar las cargas necesarias para el viaje, ropa, comida, y carpas de dormir. También se ocupan de preparar las comidas y las fogatas en las cuales se busca calor por las noches, y alrededor de las cuales se cuentan las mas interesantes historias. Unas hablan de la aparición de las ciguapas, amazonas de la mitología indígena, las cuales secuestran a los hombres, y nunca pueden ser encontradas ya que tienen los dedos de los pies en dirección a sus espaldas, de tal forma que al seguir sus huellas siempre caminamos dirección contraria a la que ellas siguen.
También hacen historias de caza de puercos cimarrones, o de terroríficas tormentas de rayos en el verano, que hacen que pocas personas se aventuren a recorrerlas en esa época. Otras historias hablan de cavernas infinitas las cuales no podrán ser exploradas jamás, con ríos interiores que las hacen impenetrables, y de tallados en las rocas dejados por los antiguos habitantes de la isla y las cuales podemos todavía admirar.
Mas sobretodo hablan de la belleza del paisaje de las montañas que conocen con gran detalle, de sus múltiples ríos de agua cristalina, sus aves, y la vegetación que consiste mayormente de inmensos pinares, pero que cambia y se hace mas variada en las zonas húmedas cercanas a los ríos, y en las cuales abundan las manáclas, bromelias, orquídeas, y muchas mas.
Y en esta ocasión tienen un nuevo tema de conversación que no se había mencionado antes. Hablan de un misterioso personaje que ha aparecido en las montanas, el cual vive allí desde hace un tiempo, apareciendo en medio de ellos de cuando en cuando en busca de compañía. Algunos piensan que es un loco que ha escapado de algún asilo. Otros dicen que puede ser un criminal que huye de la justicia, aun si parece ser una persona inofensiva y benévola. Los mas piensan que su locura y aislamiento le viene de unamor perdido, lejano e inalcanzable, y del cual por alguna razón misteriosa se siente cercano en estas montañas mas altas que las nubes.
Pienso en Orejón al oír hablar de este misterioso personaje, aun si no hay razón para sospechar que pueda estar cerca. La ultima vez que lo vi estaba muy lejos, en Qan Ab, viviendo la vida de un nómada en las montanas mas aisladas de Afganistán. Mas lo que me cuentan del personaje misterioso me hace llegar a la conclusión de que se trata del mismo Orejón que tan bien conozco. Dicen que, en las frías noches alrededor del fuego, cuenta las mas disparatadas historias de una tal Reina de las Hadas, y de un tal Guilian Shecspier, el cual vivió hace varios siglos en Inglaterra, y cuyos antepasados emigraron a Herat en Afganistán hace cinco mil años, llevando allí el secreto de la técnica para la fabricación del vidrio azul. Justo el tipo de historias fantásticas que salen de la boca y la mente desquiciada de Orejón.
Narran historias imposibles sobre este personaje que aun sin haberlo visto ya sé que es Orejón, el mismo de mis pesares que tan bien conozco y por el cual siento tan gran afecto y a la vez pena por saber como sufre las ausencias de su ser amado, que ahora parece, por lo que cuentan, tener poderes sobrenaturales. Dicen que es capaz de estar en varios lugares a un mismo tiempo, pues ha sido visto simultáneamente en diferentes sitios por diferentes grupos de personas. Entonces caigo en la cuenta de que Orejón siempre estará conmigo en donde yo voy, perpetuamente detrás de mí, como una sombra creada por la magia de la Reina de las Hadas. No importa donde vaya me perseguirá siempre, trayéndome recuerdos de su amor inalcanzable, su reina inolvidable, mi reina inolvidable.
En el Valle del Bao, acostumbra aparecer misteriosamente de entre la niebla que lo cubre la mayor parte del tiempo. Algunas veces esta muy tranquilo y sosegado, toma té o chocolate caliente con los demás, y escucha silenciosamente las historias que se cuentan. Otras se nota inquieto y perturbado. Inmune al frió, toma prestado un látigo de los que usan los guías para azotar los mulos, de los mas pesados, y lo bate contra el aire haciendo un ruido espectacular. Con furia e inmensa energía bate el látigo una y otra vez, y el sonido se extiende por grandes distancias, haciendo eco además en las montanas, siendo esta la única respuesta a lo que parecería ser su llamado desesperado a alguien que parece decidido a no responderle jamás.

Otras veces ha sido visto en el bosque en lo mas alto de La Pelona, sentado por horas y horas sin contestar siquiera a los saludos de las personas que pasan por allí. Con la mirada perdida en la distancia o en las nubes que se ven mas abajo, parece estar en otro mundo muy lejano de este lugar, conocido y accesible solo a el, en el cual solo hay lugar para las historias extraordinarias, o imaginarias quizás, de la tan mencionada Reinade las Hadas, la cual parece ser la razón de ser de su existencia.
Pocas veces aparece en la cima mas alta, el Pico Duarte, desde el cual la mirada puede extenderse por muchos kilómetros en todas direcciones, hacia el oeste y el Valle de San Juan, hacia el norte al Valle del Cibao, hacia el sur y Santo Domingo, y hacia el este en la cual esta su fiel compañera La Pelona, pues hasta estas altas montanas parecen tener una compañera con el cual hacer dúo. Orejón pasa horas a solas en este lugar solitario, con la mirada perdida y desconectado totalmente de la realidad a su alrededor.
Otro lugar favorito parece ser el llamado La Compartición, en el cual nacen los 2 ríos más largos de la isla, el Yaque del Norte y el Yaque del Sur. El nombre de La Compartición se deriva de este hecho, pues es el lugar en el cual las aguas se dividen y toman rutas distintas habiendo estado en algún momento tan cercana unas de otras. Allí Orejón parece sentirse más triste que en ningún otro, quizás pensando como el mismo debió partir y separarse de alguien muy cercano, tanto como dos gotas de agua de una misma nube en una noche de rocío, las cuales deben aquí, por causa del destino, inexorablemente separarse para no verse nunca más.
También es posible encontrarlo con frecuencia en el Valle del Tetero, el cual es atravesado por varios arroyos de aguas claras, y rodeado por todos lados de altas montanas. Parece que allí su melancolía desaparece en parte, y disfruta recorriendo elpequeño valle de un extremo a otro, bañándose en las frías aguas, e incluso participando de manera animada en las conversaciones con los ocasionales visitantes. Entonces su cara se ilumina mientras narra historias extrañas de noches estrelladas en las cuales ha recorrido medio mundo acompañado de la Reina de las Hadas.
Nadie lo interrumpe para decirle que lo que dice es solo una fantasía, aun si solo por la alegría que refleja su rostro al mencionar estas historias imposibles. Cuenta a los perplejos visitantes como es capaz, acompañado de la Reina de las Hadas, de caminar sobre las nubes saltando de una a otra con gran rapidez, e incluso de bailar con ella sobre las nubes con la música del viento que solo ellos pueden escuchar.
Lo miran admirados pensando que esta loco, y se preguntan mediante que proceso extraño habrá sido capaz de provocar esta locura tan admirable, espléndida, y creo que un poco envidiada además. Pues al hablar de estas historias imposibles sus ojos brillan de forma tal que nosotros los mortales no podremos lograr jamás. Goce efímero, pues otras veces puede ser visto gritando al borde de un precipicio, llamando desesperadamente a esta misma reina de sus tormentos con lagrimas en los ojos, e invariablemente solo el eco de su propia voz es la respuesta a sus llamados. Frustrado al no tener respuesta, corre sin descanso por horas y horas por las montanas, tratando quizás por medio de estos tremendos esfuerzos físicos de olvidar y echar a un lado sus angustias.
La ultima noche del viaje, en La Compartición, me despierto de madrugada. Hace frió, y ya la niebla que cubría las montanas al comenzar la noche ha desaparecido. La pendiente hacia al sur es muy abrupta, lo que hace que sea posible ver una mayor cantidad de estrellas. La noche estrellada es espectacular y me quedo un rato mirándolas. Pasado un rato percibo que hay alguien mas observándolas, lo miro, y trato de llamar su atención, mas es imposible, pues no es capaz de verme en el estado en que esta.
Regreso a la ciudad y me parece inexplicable que permanezca allí, aislado de todos, recordando parasiempre a alguien que probablemente tenga poco tiempo para pensar en él, o responder a sus llamados. Mas soy solo un pobre mortal que tiene el privilegio de percibir aun si de manera fugaz, esa realidad superior que Orejón vive constantemente en compañía de su reina lejana, invisible, y casi siempre además muda e incapaz de responder a sus llamados. No obstante parto con el deseo y la esperanza de que Orejón recibirá alguna palabra de ella en un tiempo cercano, único remedio de su tristeza y soledad.



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Orejon en Comparticion
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